viernes, 20 de marzo de 2020

VOLVER

Es común decir que cada día es volver a comenzar.
Como tratando de olvidar todas las cuestiones acontecidas y recomenzar etapas cada día.
Pasa en la naturaleza que hay flores que abren en el día y cierran por la noche y en algunas ocasiones muy puntuales otras despiertan en la noche y duermen en el día.
Así pasa en el reino animal, la mayoría descansan por la noche y retoman energías al salir el sol, pero sin embargo, hay otros tantos que despiertan por la noche.
Incluso hay seres que contrariamente gustan alumbrar la oscuridad como para decirle al sol que guardaron energías y pueden alumbrar a su gusto y antojo.
Tal vez sería mejor decir: volver a renacer cada día, según el reloj y el calendario, con mayor o menor energías, pero saber comprender que la vida es respirar profundo, agradecer internamente, colmar nuestras esperanzas nuevamente y tan sólo vivir.
Volver entonces es continuar, es empezar, es morir y renacer, no dejar jamás atrás lo vivido, levantar vuelo, alumbrar caminos, despertar pasiones y adormecer rencores.

EL LIMONERO





EL LIMONERO

Hace un tiempo atrás decidí plantar en el fondo de mi casa un limonero.
Siempre me fascinó el hecho de tener plantas o algún árbol para poder ver su crecimiento y desarrollo.
Mis abuelos tenían mucha variedad de plantas y árboles, algunos frutales y otros no.
Era un placer entrar por ese caminito hacia la entrada principal de la casa y toparse con la higuera a la izquierda, aunque nunca me gustaron sus frutos, sin embargo sí el dulce de higos; recuerdo que mi abuela decía que la sabia del árbol era buena para las verrugas. Luego encontrarse con el árbol de mandarinas, el de manzanas, el sauce, los rosales, los perales, las boquitas de sapo (así la llamábamos de chico porque oprimiendo la flor abría sus pétalos y parecía una boca), la ruda (una planta con un olor amargo), la madreselva cuyo néctar era muy dulce.
Como si esto no bastara cuando ibas al fondo te encontrabas con una pequeña huerta y allí estaban las verduras las cuales se cultivaban para consumo de la casa.
En época de plantación parecía un pequeño agricultor ya que me encantaba ayudar a plantar todo tipo de verduras; claro previamente había que dar vuelta la tierra y sacar los yuyos, piedras y lombrices que iban a parar al gallinero donde se hacía una verdadera fiesta gallinácea.
Siempre entre vida, entre sombras, entre choclos y cañaverales, entre tierra y pasto, olores diversos y crecimientos en toda época del año.
Parecía mentira ver como crecían brotes en primavera y en otoño como parecían irse muriendo poco a poco.
Fue así que me hice amante de las plantas y de los árboles.
Nunca había podido por mi mismo plantar un árbol que diera frutos.
Fue en este invierno que obtuve mi limonero en un vivero que fui a dar averiguando como buen investigador que soy.
Ya había estado realizando compras en otra oportunidad y volví porque la señora que me atendió fue muy amable y sabe mucho de plantas.
Así fue que un día me aparecí en casa con un limonero cuyas raíces estaban desconcertadas sin saber cuál sería su destino.
Lo elegí a simple vista y si bien algunas hojas se mostraban medio secas la dueña me comentó que era un limonero que se encontraba en el campo, entonces la helada había hecho su trabajo, cosa que me resultó más intrigante aún: ¿se animaría a crecer en la ciudad? Y mayor aún la interrogante pues no sabía si el lugar sería bueno porque tenía que destruir un trozo de piso y cavar hondo para que en un lugar que yo elegí el cediera su voluntad dándose paso a la vida.
En fin, entre dolores de brazos y de rodillas pude disponer la suerte del limonero.
Seguí cuidadosamente las instrucciones hasta su riego y su poda cuando la luna estuviera menguante.
Entre fungicidas y fertilizantes traté de ser un buen padre para que no se enfermara.
Lo miraba casi todos los días y hasta hacía una marca en la pared imaginariamente para ver si estaba más alto.
Los primeros meses estuve en la duda seriamente sobre su correcto crecimiento.
¿Estás bien?- le preguntaba -
Su silencio a veces era cruel para mis ansias de soñador…
Cuando comenzó la primavera las plantas reverdecieron y mi limonero empezó a crecer.
¿Y esto qué es?- le pregunté a mi esposa -
Son azares - me respondió -, a lo que quedé sin palabras ante tal regalo de mi limonero.
¡Qué fragancia maravillosa y que tonalidad tan exquisita!
Parecía un tonto enamorado de una flor, no tan amante como El Principito, pero sorprendido por semejante belleza.
Es curioso; pero ahora me está observando mientras escribo esta historia… ya hemos aprendido a comprendernos silenciosamente.
Lo abracé y agradecí su gentileza, a lo cual él me respondió regalándome su exquisito perfume que perdura en mi piel como un regalo del cielo…
Los limones ya han crecido bastante y nuevos brotes salen cada día.
Entre plantas y mi limonero me siento feliz y hasta tal vez adopte alguna otra si es que ella me lo permite.
Ahora entro a mi casa, traspaso habitaciones hasta salir al fondo; allí encuentro ese mundo en miniatura que vivo de grande y que me hace recordar aquél mundo de gigantes que vivía de niño…
Aún puedo mirar mi limonero desde arriba; hasta que un día el me mire de lo alto y pueda sentirme nuevamente pequeño…

martes, 17 de marzo de 2020



GORRIONCITO


Desde pequeño me han gustado los pájaros.
No podía entender como hacían para volar tan alto con sus pequeñas alas.
Cuantas veces pensé: ¡quiero ser un pájaro!
Y cuantas veces moví mis brazos, pero sin poder volar.
Los miraba en los árboles, en el suelo y en el aire, rapidísimos según su urgencia.
Como broche especial se ponían a cantar con tonalidades diferentes según su especie.
Siempre me dieron la sensación de que estaban felices y libres, que no tenían demasiadas preocupaciones.
Pero claro, había que cuidar de los suyos, traer la comida para sus pichones, armar su nido en cada primavera.
Allí, en esa época, era cuando más los disfrutaba.
Y mi favorito era el gorrión.
Entre matices entre marrón, anaranjado y blanco, amarillo, gris, negro y celeste.
Con patitas chuecas, a saltitos, de pancita entre gorda y flaca, con ojos bien negritos y mirada dulce.
Chúcaros por naturaleza, no era jactanciosa su presencia, sino con modesta desconfianza su arribo.
Apenas uno les tiraba unas migas de pan y allí venían; eso sí, mirándote de reojo, por las dudas.
Después se les hacía un hábito y todos los días allí estaban, esperando con mucha ansiedad.
Luego satisfechos de tal banquete sacudían sus alas, se repollaban y parecían regordetes.
Mis abuelos tenían una casona vieja, con muchos árboles, techo de chapa y ventanas con persianas grandes, que daban a un bello jardín.
Habían rosales, durazneros, perales, mandarinas, madre selva, burucuyá y pastizales.
Era un deleite para los pájaros acercarse a tan hermoso lugar.
Cuando llovía, el ruido en las chapas era ensordecedor, pero lleno de música a mis oídos.
Al amanecer, cuando la tormenta se había disipado, como por arte de magia, me despertaban los cantos de los gorriones y compañía.
¡No podían faltar los baños de sol en la tierra!
Era difícil comprender tal higiene, pero ellos sacudían su plumaje y disfrutaban de la fiesta.
¡Que manera más hermosa de cavar un pequeño hoyo en la tierra!
Casi nunca los veía pelearse, compartían todo, desde los escándalos, hasta la comida, las venidas y las huidas.
En pasado y en presente: ¡te admiro gorrioncito!
Ahora te sigo escuchando y mirando volar como siempre lo has hecho, sin cambiar con el paso del tiempo.
Te doy gracias amiguito porque me has alegrado la vida, que ha ido también de a saltitos entre penas y alegrías.
Mis ojos muchas veces han mirado también con desconfianza, pero tú no tienes rencores como yo a veces tengo.
A veces vuelo en apuros, en ansiedades e impaciencias; tú vuelas cuando lo necesitas.
Tú cantas por agradecimiento o alegrías y llamados; yo hablo no siempre agradecido, a veces sin melodías o con silencios injustificados.
Hoy salí al fondo de mi casa y encontré los restos de alpiste que ayer juntos compartimos con tanta algarabía.
Ojalá no hallamos molestado demasiado.
Quizás ahora me entiendas, porqué de niño y aún ahora, quiero ser un pájaro igual que tú.

Dante

miércoles, 25 de diciembre de 2013

SIMPLEMENTE TE AMO





Si me voy sin irme,

espérame despierta,

que regresaré al alba.

Si te digo y callo,

escucha mis silencios,

que pronuncian mil palabras.

Si aunque rio lloro,

comprende mi tristeza,

anhelando risas.

Si al mirarte ignoro,

cierra tus ojos,

para encontrar los míos.

No te niego en el umbral de mis razones,

te quiero en lo profundo del alma.

Cantar de gaviotas en su vuelo erosionan mi cordura,

si te perdiera.

Pero no deseo alejarme de ti.

Quiero tu frescor de mar y tu aroma de azucenas.

A cambio poco puedo darte.

Y sin saber ni darme cuenta,

rescato tu luz de las sombras,

que enciende mi amor eterno por ti.

domingo, 13 de octubre de 2013

NO TENGO APUROS




No tengo apuros de olvidarte, sino de recobrar la memoria para no perderte.

No tengo apuros en mis actividades diarias, pues es la manera que he encontrado para vivir la vida.

No tengo apuros en ganar amigos, pero tengo urgencias en no perderlos.

No tengo apuros en el camino, sino podría olvidar toda la grandeza a mí alrededor.

Ni tengo apuros en apurarme, me agrada caminar despacio, para quitarle ritmo a mis prisas, que me roban el alma.

Como quien busca un tesoro desde siempre y por fin lo encuentra, entonces se deslumbra y trata de guardarlo en un rincón para siempre.

No tengo apuros, no quiero tenerlos.

Quiero tener pausas eternas de felicidad, pausas que duren siempre, para volver a enamorarme, para respirar profundo el aire que me sustenta.

No tengo apuros, no quiero perderte, no quiero olvidarte, ni dejar de amar, ni perder el vuelo, ni bajar altura, ni olvidar tu mirada, o perder tu risa, ni encontrar rencores y olvidar amores.

Y si acaso los tuviera y olvidara la razón que me explico por dentro, o si me ganaran las prisas mañaneras, que me hacen levantar presuroso de mis sueños.

Si acaso eso pasara; entonces rompería mágicamente la gravedad que me ata y detendría la inercia cotidiana que me hace girar sin sentido.

Y flotaría… tan sólo ello; sin lugar ni tiempo, olvidando el presente por un instante, ocupando el pasado un momento y soñando el futuro por siempre.

No tengo apuros me repito; lo quiero, lo sueño, lo aprendo.

Y corro una y otra vez… y me detengo… y río… y lloro… y quiero.

No tengo apuros, quiero que lo sepas, quiero que me entiendas, quiero que me quieras.

No tengo apuros…ahora lo recuerdo, ahora me detengo, ahora respiro, ahora vivo, ahora sueño, ahora por fin he vuelto.

Ahora te miro con ojos de enamorados, ahora te sonrío como un niño, ahora me siento libre.

No tengo apuros, ni quiero tenerlos, ¡ya lo he dicho y ya lo quiero!…

sábado, 28 de septiembre de 2013

ESTA MAÑANA

Esta mañana desperté con ansias de verte otra vez.

Miré por la rendija de la ventana y sentí tu aire de renuevo.

Encontré las casas como tristes de soledades, pero que parecían alegrarse de verte nuevamente, igual que yo.

Tu brisa mañanera daba un brillo de alegría y tu perfume inconfundible a flores, a tierra, a sol, a vida, daba un toque de esperanza al día que comienza.

Esperanza que es mi vida, que día a día se renueva; tal como tú, tan ardiente, como esos rayos de sol que comienzan a entibiar de a poco y que van quemando el dolor y la tristeza.

Bienvenida mañanita, mí mañana.

Bienvenida y quédate un rato hasta que te vea crecer, hasta que mi corazón se entibie y pueda verte más hermosa y te pueda abrazar sin dejarte ir.

Pero sé que tienes que seguir…

Ya te han anunciado los pájaros, con mil sonidos tornasolados; claro, en su idioma, que aún no entiendo bien; pero que día a día me enseñan a escuchar y a comprenderte un poco más.
De cantos y silencios estás hecha, de nacer y morir sabes bien, de soledades y melancolías conoces, de alegrías y esperanzas renuevas el alma, de belleza inconmensurable es tu naturaleza.

¡Y allí estás!

Que más puedo pedirte, si todo me lo das; sin pedirme nada a cambio, sólo que despierte, sólo que te vea, sólo que acepte tus regalos.

¡Que generosidad, mí querida mañana!

Yo también quiero anunciarte en mi idioma, que tan sólo trata de admirarte.

Ojala los pájaros me hubiesen escuchado, pero no lo creo, tan sólo miré y pronuncié silencios de enamorados.

Traté de mirarte de otra forma, con ojos agradecidos, que es la memoria de mi corazón, por cuanto me has regalado desde que nací y no me había dado cuenta.

Quizá esa luz que alumbró tanto tiempo, entró un poquito por las rendijas del corazón y lo entibió para decirte que te quiero.

¿Y me pregunto?, ¿cómo hiciste para amarme sin darme cuenta que estabas allí, que me abrías los ojos con cariño y con tu luz me acariciabas?

¡Cuanto esperaste mañana mía!

Quiero estar despierto para agradecer tu infinita bondad.

Mañana cuando otra vez me abraces y te mire, te voy a sorprender, para poder alegrarte un poco y hasta tal vez te quedes un ratito más…

domingo, 8 de septiembre de 2013

APRENDER A VOLAR



No son nuevos mis anhelos por sentirme despegar de esta tierra y tomar altura.
No son nuevas mis ansias de aprender a volar.
Siempre lo he comparado con una sensación inconmensurable de sentirme libre de verdad.
No se trata de querer liberarme de responsabilidades o compromisos asumidos y echarme al abandono.
No se trata de no sentir felicidad por lo que la vida me ha regalado.
Y aunque sé que el reparto de felicidad, es diferente en cada persona, creo que todos podemos alcanzarla, cuando aprendemos a volar.
Por ello, las aves vuelan a diferentes alturas y velocidades, según su especie, según sus prisas, como para que aprendamos a imitarlas en nuestros afanes.
He visto quienes toman carrera de larga distancia y luego se arrojan al precipicio para intentar levantar vuelo.
Otros solamente abren sus alas y dejan que el viento los eleve, claro, hasta que puedan romper la gravedad que los ata a las razones.
Lo cierto es que mis sueños nunca dejan de enseñarme que todo es posible, que realmente se puede soñar despierto, que me puedo encontrar en un momento detenido y en otro muy alto.
He visto mis campos de algodón sobre las nubes, cuando me desentendí de mis tonterías, cuando logré estar en paz conmigo mismo, cuando amé de verdad, cuando reí sin parar, cuando sentí los aromas diversos en el aire, cuando te recordé en el tiempo…
Y floté en mis pensamientos, en mi percepción de las cosas.
Y volví a sentirme pájaro, ¡por fin retorné!, como las golondrinas en cada primavera.
Volví a trinar con algarabío ensordecedor, de cantos de mi alma, profundos del corazón, de suspiros en mi mente.
Y miré los campos de la gente, miré los ríos, los autos, las casas, los árboles, las calles; miré, tan sólo ello.
Pero nada me detuvo hasta llegar hasta la nube más alta donde pude descansar.
Y llegué al sol de mis ideales, al sol de mis locuras, al sol de mi vida, que hace arder el corazón, que hace desatar tempestades ocultas para colocar la calma, para que soplen brisas nuevamente.
Aprendí a volar hace mucho tiempo, sólo que a veces no lo recuerdo, sólo que a veces me dejo domesticar.
Fue hace un momento, en un instante, en que volamos juntos hasta donde quisimos.
Voy a esperar otro ratito, voy a respirar otros aires, voy a entibiar mi plumaje extraño y retornaré con ánimos renovados, hasta que abra mis alas nuevamente y me atreva a volar…